viernes, noviembre 17, 2006














PROGRESO EN EL PRIMER MUNDO


Hoy he llegado a casa y me encontré con una esposa radiante, pletórica de alegría y con la cacerola trabajando a destajo para el guiso de la noche. Le di a Mariana un beso en la mejilla y me abrazó. ¿Qué le habrá pasado? ¿ganamos al prode? ¿Existirá el prode? Nada de eso, mi hija Juliana chateó con su madre y esta vez, de puro contenta que estaba, la nena le dio todas buenas noticias. Que tiene un nuevo trabajo, que se compró la lavadora, que abrió una cuenta en una caja de ahorro y el banco le regaló un aparato de devedé. Recuerdo que, cuando yo abrí una cuenta en el banco Río, me regalaron un chanchito de yeso. En fin, no cabe duda de que la chica se está adaptando al primer mundo y el primer mundo a ella. Nótese cómo estaba de vacío el piso que rentó hace un par de meses y cómo lo tiene ahora, todo emperifolladito, con mesa y no con tarro de pintura, con sillas en lugar de almohadones, con sillón de dos cuerpos y con todos esos adornitos y macanitas a los que las mujeres son tan afectas.










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