martes, agosto 29, 2006


ÑOQUIS TRICOLORES

Mi esposa preparó sus exquisitos ñoquis tricolores, una especialidad de su amplia paleta gastronómica. Cuando uno se encuentra con platillo tan polícromo imagina una comida relajada, tranquila, silenciosa. No fue el caso. Mariana me dijo que ya no soportaba mi trabajo, que se avergonzaba de mí, que sus vecinas y amigas la miraban como si se hubiese quedado viuda y algunas llegaron a ofrecerle comida y ropa usada, que por favor basta de repartir pizzas (y empanadas). Le dije que el problema no era ser delivery boy sino el escaso salario que se gana, que si me pagaran cinco mil dólares no diría nada, y sus vecinas y amigas molestarían a sus propios maridos poniéndome como ejemplo y elogiando la brillante carrera que estaba haciendo en La Muzza Inspiradora, que así se llama la pizzería en cuestión. Finalmente logré tranquilizarla con la promesa de que en poco tiempo dejaría este trabajo y conseguiría algo mejor. Me preguntó si pensaba volver a la inmobiliaria donde estaba antes de renunciar. Le contesté que eso nunca. Se enojó mientras me servía un segundo plato y me espolvoreaba queso reggianito (para mi esposa, la comida no tiene nada que ver con las discusiones, tranquilamente me puede alimentar e insultar al mismo tiempo)
El dueño de la inmobiliaria me llama casi todo los días a través de alguno de los vendedores. Pero no quiero volver. Cuando más viejo, el martillero Arizmendis se vuelve más cínico. Recuerdo que, cuando alguien en la oficina utilizaba el término "ética", él se ponía nervioso. Esa palabra le molesta. Dice que no es una palabra operativa. Que cuando uno está intentando vender una casa se tiene que olvidar de ese concepto.
Pero ¡qué exquisitos ñoquis!
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